Hace más de 7 años, apareció en mi vida para quedarse, y desde el primer momento, la complicidad se hizo parte de nuestra rutina... aprendimos a convivir con errores y con aciertos, pero siempre con lo más importante, el cariño ... hablo de Mussu; y sí, Mussu es un perro... sin apellidos ni adornos absurdos, no es mi niño, ni yo su mami... es un perro y yo estoy feliz de que así sea, y él, garantizo que también...
Se que ésto será difícil de asimiliar, para anémicos en cariños caninos, y para obesos del amor cuadrúpedo... a mi en estas cosas, me gusta quedarme en el punto que creo más lógico, y en el que me parece más real... a pesar de que ésta, es una sociedad de trincheras, en la que salirte de ellas, te hace víctima clara del fuego cruzado, entre los que los consideran niños con un problema de pelo grave, y los que creen que no andar sobre dos patas, elimina cualquier posibilidad de sentimiento...
Reconocería a Mussu con los ojos cerrados, reconocería su tacto, su ladrido, o la forma de su cara... reconocería sus ojos, sus patas, e incluso las bolas de pelusa que suelta... le quiero, porque es mi compañero desde casi el día que nació, porque le elegí de entre sus hermanos por aquella manchita blanca en la frente que ahora es casi su huella dactilar, porque me recibe como si llevara semanas sin verme aunque haga apenas unas horas, porque me sonríe cuando me suelta su juguete en las manos para que se lo lance, porque me brinda amor incondicional cada día de nuestras vidas, sin importar el color que tenga ese día, y porque me inspira una ternura indescriptible cuando le veo con la cabeza sobre las piernas de Jose, mientras éste sumido en la distracción de de un libro cualquiera, le repasa con la mano una y otra vez la mancha de la frente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario