9 de noviembre de 2012

Sra. Botella

Señora Botella:

Intentare, con todas mis fuerzas, que en esta carta, no haya una sola falta de respeto para con su persona, aunque me va a costar contener a mis sentidos para que no se despachen.

Le pediría de buenas formas que dimita, pero imagino que uno no valora, aquello que le dan sin esfuerzo, y todos sabemos, que a usted mucho esfuerzo no le costó llegar a alcaldesa de madrid, así que no es capaz de entender que significa ser alcaldesa, más allá del trato privilegiado que recibe por serlo de manera hereditaria, y por méritos conyugales.

De todos modos en mi inocencia, se lo vuelvo a pedir, dimita. No es necesario que nos demuestre más sus capacidades, ya han quedado demostradas con creces, desde que su paso por asuntos sociales en el ayuntamiento, donde demostró, que la quedan grandes hasta los zapatos que lleva, o en medio ambiente, en ese tiempo en el que no era boina lo que cubría la ciudad, sino un sombrero de copa, y usted no iba más allá en sus soluciones, que llevarse los medidores de contaminación del centro, a diversos puntos en las afueras, para así poder afirmar que madrid no estaba tan contaminado... Señora mía, eso es la táctica de la avestruz, y en política, debería sentenciar una carrera... Pero lejos de eso, la suya ha sido catapultada, imagino que por eso su esposo tiene esos músculos, para poder subirla bien arriba.

Pero todo eso, queda en simples milongas, en unas bromas de muy mal gusto... Señora, su falta de competencia, su ignorancia, y su incapacidad, ahora llevan un peso que ni su marido es capaz de sujetar... No entro en las responsabilidades en sí de los hechos... No diré aquello de que murieron por su ineptitud, pero si le diré algo... Usted demostró todas sus limitaciones desde el minuto uno después de lo ocurrido.

Usted no supo comportarse, no supo responder, ni mucho menos actuar, usted no supo dar una sola respuesta, usted, ha quedado a la altura de el suelo que pisan las ratas... Usted, no tiene ni principios, ni moral, ni vergüenza... Y creo que con ello no la insulto, sino que simplemente califico sus actos...

Así qué, sin más, le vuelvo a pedir que dimita... Que desaparezca de la vida de este madrid que no la eligió como alcaldesa, que se dedique a comprar peras y manzanas en el puto fin del mundo... Y de todo corazón, a pesar de parecer cruel, le deseo, que críe conciencia, y que al hacer memoria, no la deje volver a dormir...

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