16 de junio de 2010

Pendientes

Últimamente me cuesta demasiado ponerme delante del ordenador... será que ya paso demasiadas horas aquí sentada, o tal vez, que me falta la calma necesaria para escribir con la calma con la que me gusta hacerlo... que se yo...

En este tiempo, han pasado demasiadas cosas... o puede que no las suficientes... en este tiempo, me he reencontrado con un amigo, que hacía mucho que no veía... un amigo que dedicó una noche a curarme muchas de las heridas abiertas... capaz de dejarme entrever una pequeña ventana en esta jaula de intolerancia y desencuentros...

Son varios los conciertos a los que he asistido en el Palacio de Congresos... en todos ellos siempre tenía una sensación de frío, de distancia... pero esta vez, fue tan distinto... no se si era Ismael, o si era la necesidad de todos de dar rienda suelta por un momento, por un instante, a tantas frustraciones, a tantas situaciones grotescas, a tantísimas faltas de respeto para todos aquellos que creemos que el mundo debe ser de otra manera... el caso es que el Palacio de Congresos se puso en pie, y las canciones se nos quedaban estrechas, los gritos y consignas llenaban las escaleras, la butacas y cada una de las almas que allí se dieron cita... Papa cantó y contó como nunca... fue un clamor desesperado por encontrar alguien dispuesto a escuchar...

No soy capaz de describir canciones, ni momentos mágicos... tal vez, porque para lo que no estoy capacitada, es para desmigajar emociones como las que allí se fundieron con todos nosotros... no me siento, ni me creo capaz de explicar, como dolía la piel entre los gritos a los asesinos, a las esperanzas, a ese virus que no debemos dejar que gane... cada lágrima, fue mucho más real de lo que se puede describir... cada creencia se arraigó en el pecho, siendo consciente de que por mucho que nos quieran tumbar, encontraremos la manera de levantar la voz, de seguir gritando que estamos y que seguiremos estando... aunque duela mirar cada periódico y entender que las ideologías, para los políticos son simplemente un camino para llegar a esos sillones cómodos en los que la amnesia, se apodera de cada una de sus promesas...

Un concierto para la memoria, para la esperanza de que en aquella canción no mentía y no estamos solos... un concierto para demostrarnos que las heridas están ahí, pero de nosotros depende que cierren como deben... un concierto lleno de complicidad y magia, una pequeña gran burbuja en la que me sentí como hacía mucho que no lograba sentirme...

Por eso, aunque tarde, no podía dejar de escribir... porque la música me volvió a demostrar que nada es imposible... que la magia aparece cuando menos te lo esperas y simplemente te contagia... que sigue siendo verdad aquello de que toda la vida es ahora... aunque mucha gente se empeñe en lo contrario, y aunque me cueste algo más que antes reconciliarme con el mundo... aunque este tiempo que nos ha tocado, no sea como nos gustaría, de nosotros depende en gran medida... así que, ya lo dijo el poeta... ahora, cambiemos el mundo amigo, que tu ya cambiaste el mío... y sin duda Ismael, lo sigue haciendo...

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